sábado, 23 de enero de 2010

Reflejos de un poema no escrito


I

   Mucho es lo que he escrito en la arena. Se han cansado en ello mis manos y encorvado mis espaldas. Nada de lo allí escrito recuerdo. Sólo me queda este cansancio y esta curvatura mirando al cielo.
   Muy poco he escrito en papeles. He intentado en ello palabras, y, tan sólo, he logrado balbuceos. Todas mis metáforas han sido como ese mi intento de niño de darle un nombre al Universo.
   Se me han apagado los dioses y los poetas. Sólo me queda la curvatura, el cansancio, el gesto, los trazos, lo efímero, lo postrero. Y una luz extraña, tibia y hogareña, que de tanto en tanto me habita, mientras todo se me torna serenidad de plenilunio en mi silencio.

II

   Miles de millones son los excluidos, los hambrientos, los mendigos, los niños famélicos, los despojados de esperanzas, los torpes, los humillados y ofendidos, y todos aquellos que se preguntan sobre la culpa ancestral que los arrojó a la vida sin su consentimiento.
   Muchos hay, pero no entre ellos, adoradores incondicionales del ego. Los que han hecho del sinsentido sentido, de la corrupción virtud, de la virtud desasosiego. Los que ignoran compartir el pan con el hambriento y acercar un vaso al sediento. Son ellos los muy poderosos. Son ellos, los muertos.
   Son para los vivos mis balbuceos. Fueron escritos desde la desolación, contemplando el dolor y la muerte que, sobre el planeta, siembran ellos, poderosos, los muertos.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Caro Roberto: recièn, con gran ayuda, logrè inscribirme en el
blog.Hasta ahora he leido:Reflejos...Alfonsina...
todo ESTUPENDO!!! Josè

ARCA dijo...

Benditos balbuceos, benditas metáforas. Bendita luz tibia y hogareña; bendita serenidad de plenilunio. Bendito silencio. Benditos y dichosos sufrientes que encuentran eco en un poeta de su exclusividad que los abriga en su corazón noble, dolido y cansado que se puebla con su presencia.

Amabeli Cadena